El picudo rojo (curculiónido ferruginoso)

Introducción

El picudo rojo  es un insecto originario de las regiones tropicales de Asia y Polinesia que se ha ido extendiendo de forma continuada por otras zonas subtropicales y templadas del planeta, colonizando distintas especies de palmeras.
Actualmente es una de las principales plagas que afectan a las palmeras de Oriente Próximo, Oriente Medio y del Norte de Africa. En España fué introducida con la importación masiva de Phoenix dactylifera desde Egipto y detectada por primera vez en 1993 en Almuñecar (Granada).

Especies de palmeras afectadas

El insecto coloniza un gran número de especies de palmeras. En España destaca sobre todo por sus ataques a la palmera canaria (Phoenix canariensis) y, en segundo lugar, a las datileras (Phoenix dactylifera), pero ya se ha encontrado también en Washingtonia robusta y Washingtonia filifera.
Además, esta especie de coleóptero se hospeda en la caña de azucar y Agave americana.

Descripción del picudo rojo

Adulto: Es un coleóptero de gran tamaño que alcanza los 2 a 5 cm. de longitud. Los insectos de esta familia se caracterizan por tener una prolongación de la cabeza en forma de pico, donde se sitúan las antenas en forma de maza y por su color rojizo  muy característico.

Huevo: Tiene forma ovalada, similar a un grano de arroz. La hembra lo deposita aisladamente en una galería perforada en las heridas recientes de la base de las hojas y en los tejidos blandos del interior de la yema apical del tronco, muy cerca del nacimiento de las hojas  de la palmera; de modo que es difícil su localización.

Las hembras realizan puestas de 300 a 500 huevos de media, que eclosionan a los 3 dias, si bien sólo una parte llegará a estado adulto.

Larva: Se desarrolla en el interior de la médula húmeda de la palmera, que también le sirve de alimento, hasta alcanzar un tamaño entre 3 y 5 cm. Inicialmente tiene un color blanco-crema que antes de empupar, va adquiriendo un tono más oscuro. Es claramente ápoda, es decir, carece de patas.

Daños y síntomas

Si la entrada de la plaga ha sido por la copa, cerca del  nacimiento de las hojas  sus  síntomas se manifiestan antes y presentan un daño considerable y no recuperable. Se podrán observar las hojas jóvenes, centrales, con fólialos serrados (comidos), inclinadas y/o con un aspecto decaído.  En un estado más avanzado el penacho se rompe y cae por el viento.

Si la penetración se produce a través de las heridas (podas, deshijado, etc.) en diferentes zonas del tronco, el daño es menos grave si se detecta a tiempo. La presencia de hojas caídas y el desplazamiento del ojo de la palmera pueden ser indicativos de la presencia del picudo rojo.

En los ataques muy fuertes se acaba secando toda la copa y se produce la muerte de la palmera. Al tirar de las hojas afectadas, éstas se desprenden con cierta facilidad y en su base podemos observar las galerías abiertas por las larvas en sus últimos estadios de desarrollo y, frecuentemente, los capullos de las pupas.

Al abrir la copa de una palmera con grado de afección avanzado, encontraremos abundantes larvas de varios tamaños en una masa de tejido en fermentación que desprende un desagradable olor ácido característico.

Esta podredumbre penetra hacia la zona radical de modo que en los ejemplares de poco tamaño, pueden encontrarse larvas por debajo del nivel del suelo; aspecto que debe tenerse en cuenta a la hora de su eliminación.

Las palmeras afectadas mueren a medio plazo al estar el cogollo totalmente taladrado con su interior en descomposición.

Otros síntomas asociados que pueden ayudar a detectar su presencia en el interior de la palmera son:

  • El ruido fácilmente audible que es producido por las larvas al morder o devorar mientras se alimentan. De hecho, la detección por ultrasonidos es el mejor sistema de detección precoz de la plaga.
  • El olor que se desprende como consecuencia de la pudrición de los tejidos internos. En algunos países se emplean perros adiestrados.
  • Los orificios de salida, exudación viscosa de color rojizo y restos de fibra que pueden aparecer, en casos extremos, en el tronco.

Medidas de control

Dada las características y peligrosidad de la plaga lo más importante es su rápida detección.

Está comprobado que el arranque y destrucción de las palmeras afectadas es el sistema más eficaz para evitar la dispersión de la plaga.

La destrucción debe realizarse de forma concienzuda, triturando los restos y comprobando que los capullos son destruidos. Para que el tocón no sea atrayente de nuevos individuos se procederá también a su destrucción o a taparlo con un plástico después de haber sido tratado con un insecticida.

El tratamiento químico foliar de las palmeras suele ser muy costoso, difícil de practicar debido a la altura de las palmeras y a que debe tratarse toda la copa, y casi totalmente ineficaz  para matar las larvas.

Aún así, y siempre efectuado por personal especializado y productos autorizados, podrán tratarse preventivamente las palmeras de las zonas próximas a las afectadas mojando muy bien el el nacimiento de la palmera o “cogollo” y base de las hojas de toda la copa cada 10-15 días. Cuando permanezcan en el tronco restos foliares también deberá ser tratada esta zona. Hasta la actualidad el tratamiento de las palmeras mediante la inyección al tronco de insecticidas sistémicos ha dado poco resultado.

Antes de la plantación deberá revisarse la documentación fitosanitaria que garantice el estado sanitario de las palmeras. En España es obligatorio que las palmeras vayan acompañadas de pasaporte fitosanitario desde marzo de 2000.

 

Métodos indirectos de lucha

Evitar las heridas en las palmeras. En caso de poda, ésta debe realizarse en épocas frías del año, que es cuando menor movilidad tienen los adultos -en el mediterráneo español el vuelo suele darse principalmente en los meses de junio y septiembre pero, principalmente, en octubre- y, de este modo, reduciremos la dispersión de la plaga a lugares fuera de donde está inicialmente localizada.

La utilización de masticas o pastas cicatrizantes para cubrir las heridas de poda y la aplicación de insecticidas en los cortes.

No realizar nuevas plantaciones de Phoenix canariensis y dactylifera en las zonas afectadas ya que al principio, durante su adaptación, las palmeras se encuentran debilitadas.

Establecimiento de trampas de captura cebadas con feromonas de agregación y atrayentes - ferruginol más trozos de caña de azúcar o, mejor, dátiles - que permiten capturar sin riesgo ecológico a los adultos en vuelo cuando buscan nuevas palmeras hospedantes. Estas trampas no deben situarse demasiado próximas a las palmeras.

Es de vital importancia para un mejor control de la plaga del picudo rojo la colaboración de todos y el poder detectar lo antes posible la aparición de nuevos ejemplares afectados. En caso de encontrar o creer tener una palmera afectada se debe avisar al Ayuntamiento de Aljaraque al teléfono 959 317 114.